Las 9 etapas del duelo

REFLEXIONES DE UN COACH DE MIERDA – CAP. 19

“Solo sanamos de un dolor cuando lo padecemos plenamente”


Marcel Proust

Tras el shock inicial que sufrimos ante una pérdida, los seres humanos comenzamos un camino de superación que culmina con la aceptación del impacto vivido.

La palabra duelo viene del latín “duellum” (combate) y “dolus” (dolor). Hace referencia al proceso natural que vivimos con ocasión de una pérdida irreparable. Este mecanismo se caracteriza por un angustioso pesar ocasionado por el conflicto interior entre la parte de ti que quiere aceptar la nueva situación y la que no.

Esta pérdida puede ser la muerte o desaparición de un ser querido, un cambio de situación como una separación de pareja, cambio de trabajo o de residencia.

Aunque tradicionalmente se ha explicado la transición del duelo en cinco fases, me parece más acertada la propuesta del médico francés Salomon Sellam, que dice que un duelo consta de nueve fases: negación, regateo, rabia, tristeza, explicación comprensión, integración, aceptación y reinversión.

Cada persona avanza por las etapas a diferente ritmo y no siempre se viven todas las fases, ni en orden lineal, ni aisladas. Lo natural es vivir varias fases a la vez y en diferente grado de intensidad. La importancia de conocer los mecanismos de cualquier duelo es porque la vivencia de ellos suele ser muy excepcional, no se parece a ninguna otra experiencia vital dada la intensidad casi desgarradora con la que se pueden vivir las emociones. En un momento así, conocer el funcionamiento de un duelo te ayudará a normalizarlo. Aunque siempre es recomendable la ayuda de un profesional.

Estas son las etapas:

1. Negación. “No puede ser, no me lo creo”. Es un mecanismo natural de respuesta que nos ayuda a adaptarnos al suceso progresivamente. Podemos negar pensamientos, emociones, sentimientos, borrar de nuestra memoria sucesos, datos, estímulos, referencias y todo aquello que hayamos concluido que es mejor ignorar para evitar el dolor.

2. Regateo. Comenzamos a concienciarnos de lo ocurrido aunque no queremos verlo del todo. Predominan los sentimientos de culpa e impotencia. Y no sólo la sensación de culpa hacia uno mismo sino también hacia la situación, hacia lo perdido y hacia el fallecido incluso. Esto es importante porque muchísimos duelos se bloquean al no permitirnos reconocer que culpamos al ser querido fallecido de no estar vivo. No es racional, pero emocionalmente funciona así. Y la frustración es consecuencia de no poder adaptarnos rápido a un cambio tan radical. Todo es muy normal, en el proceso de regateo descubriremos que nuestros ritmos de evolución internos suelen ser más lentos que los cambios exteriores.

3. Rabia, cólera e ira. Esta etapa es importante. Coexisten sentimientos de injusticia y rencor. Pensamientos y sentimientos muy tensos por la sensación de que no debería haber sucedido, aunque hay más conciencia que en las etapas anteriores de que sí ha sucedido. Básicamente es un fenómeno de proyección en el que la intensidad del dolor personal se intenta dirigir a lo externo. Se manifiesta verbal o físicamente. Se caracteriza por irritabilidad, estrés, insomnio, desasosiego, arrebatos, deseos de golpear y gritar para expresar y canalizar la energía emocional.

En la tradición occidental se enseñó a las mujeres a no expresar su rabia porque socialmente estaba mal visto. Por este motivo es común que muchas mujeres se bloqueen en esta etapa del duelo.

4. Tristeza. Caracterizada por un fuerte sentimiento de soledad. Tiene varios niveles: abatimiento, tristeza propiamente dicha, depresión, melancolía y desesperación. Con la ayuda de un profesional podrás descubrir en qué nivel te encuentras y cómo afrontarlo.

En la cultura occidental se ha enseñado tradicionalmente a los hombres a no expresar su tristeza. Este es el motivo por el que muchos de ellos tienen dificultades para atravesar esta etapa del duelo.

5. Explicación. Aclarar por qué sucedió la pérdida produce de inmediato el desbloqueo de las etapas anteriores. Describir e interpretar el suceso que ocasionó el shock proporciona un importante alivio. La explicación solo la puede encontrar la persona que vive el duelo. Encontrar un significado a determinados sucesos dramáticos inexplicables es una experiencia personal, nadie puede convencer al implicado del motivo por el que ha sucedido la pérdida. Esto es el desenlace de un proceso vital individual.

6. Comprensión. Es un pasito más allá. Mientras la explicación se refiere al entendimiento intelectual, la comprensión es una vivencia más personal más profunda. En la comprensión se adquiere una visión más amplia de lo sucedido y surge una reinterpretación profunda. Al adquirir comprensión hay personas que asimilan matices más espirituales, sutiles o místicos a su vida. Es normal. Aunque las personas del entorno suelen sentirse extrañadas y preocupadas por la visibilidad del cambio de la persona que ha comprendido a un nivel más profundo. También es normal.

7. Integración. Es la conexión entre la comprensión y la aceptación. Es la fusión completa con la realidad, la incorporación de la pérdida a nuestra vida diaria. Una nueva persona, más amplia, más expandida, más consciente se estabiliza tras la integración de lo sucedido. Nada vuelve a ser igual. Todo es mejor.

8. Aceptación. Este es el objetivo de cualquier transformación. Es un progreso que se culmina con la serenidad. Es la visión de la realidad sin rabia ni pena. Ya  no nos aferramos a lo perdido. El desapego es completo.

9. Reinversión. Es la prueba de fuego, el certificado de la superación del duelo. Supone una vuelta  a la normalidad pero con el aprendizaje realizado, con una nueva perspectiva de la realidad. Suele surgir el deseo por iniciar nuevos proyectos, cambiar de pareja, cambiar de trabajo, de entorno social. Y es que si algo trae un duelo es que cuando es transcendido la persona no vuelve a ser la misma. De hecho tiene mucho más claro lo que quiere y está más decidida a caminar hacia ello porque se ha convertido en una mejor versión de sí misma.

Tras vivir un duelo comienza un camino sin retorno en el que nada vuelve a ser igual. Muchas veces aparecen las dificultades ante tu nueva visión de la realidad que requiere de activar y poner en marcha potenciales poco desarrollados hasta el momento. Esto es así porque estás preparado para afrontar una nueva vida, porque el fin último del duelo es enseñarte a atreverte a caminar hacia tus sueños, hacia dónde tu impulso interior desea dirigirte, hacia la transformación definitiva en una nueva persona, madura, responsable y plena. Al final del proceso comprenderás que todo era necesario y que ha merecido la pena.

¿Has vivido el fallecimiento de alguien cercano?

¿Una separación?

¿La pérdida de tu trabajo o de tu hogar?

¿Te identificas con las etapas?


Acabas de leer el capítulo 19 mi libro Reflexiones de un Coach de Mierda.

Soy Aurelio López escritor, conferenciante formador y consultor en Transgeneracional y Crecimiento personal.

Actualmente tengo publicados 4 libros (Transgeneracional aplicado y Reflexiones de un coach de mierda, ¿Por qué son felices las personas felices? y Trucos de los escritores de bestsellers) y cinco ebooks, e imparto conferencias, formación y consultas tanto presencial como online sobre Transgeneracional y Crecimiento Personal.



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